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Olvidos: ¿Cuándo consultar?

Olvidos: ¿Cuándo consultar?

Las consultas por “olvidos” son muy frecuentes y resulta crucial identificar a tiempo si son el comienzo de una enfermedad. La Dra. Cecilia Molaro, miembro de los Servicios de NeurologíaNeurofisiología, brinda información sobre la pérdida de la memoria y cuándo consultar con un especialista.


Olvidos: Causas

La memoria es una función compleja del cerebro humano, no sólo destinada a guardar información. También, incluye diferentes procesos destinados a crear recuerdos a partir de la experiencia, guardarlos apropiadamente, y -cuando sea necesario- poder recuperarlos. Existen diferentes tipos de memoria, tales como: recordar nombres, conceptos aprendidos, situaciones vividas, o movimientos complejos (andar en bicicleta).

Es importante entender que, si no ponemos atención a lo que queremos aprender o recordar, la información no se guardará. Por lo tanto, muchas consultas por olvidos, reflejan en realidad alteraciones de la atención. La capacidad de prestar atención se ve disminuida por múltiples causas, por ejemplo: • mal descanso nocturno • sobrecarga de tareas • estrés emocional • trastornos de ánimo. No obstante, muchas veces, la información está guardada. El olvido puede ser consecuencia de una dificultad para recuperar ese recuerdo en el momento que deseamos, un fenómeno frecuente con el pasar de los años.

En el envejecimiento normal, se producen cambios en los procesos de la memoria, atención o capacidad de organizarnos. Por ello, las personas mayores se quejan de que su memoria no es “la misma que antes”. Pero no siempre significa una enfermedad.

El proceso del envejecimiento disminuye la velocidad de procesamiento mental y la capacidad para recuperar recuerdos espontáneamente. Lo cual mejora con “pistas”.

¿Cuándo consultar al especialista?

Usualmente los olvidos patológicos se acompañan de otros signos de alarma, que pueden ser:

• La persona olvida lo que se dijo hace un rato o toda una conversación sostenida días atrás, aunque recuerde claramente vivencias de su juventud. En estos casos no ayudan las pistas que podamos ofrecer, porque la persona no recuerda que se haya olvidado algo. • Se vuelve repetitiva: pregunta y cuenta varias veces lo mismo. En la mayoría de los casos no se muestra preocupada por lo que está sucediendo, son los familiares o allegados los que se alarman. • Puede desorientarse en lugares conocidos o no recordar bien la fecha actual. • Presenta dificultades para organizarse en las tareas diarias, pagar sus cuentas, seguir una receta (que antes realizaba) o cumplir con un plan previamente acordado. • Le puede costar encontrar la palabra adecuada cuando está hablando. • Tiende a abandonar sus pasatiempos, evitar reuniones sociales o muestra menos iniciativa. Lo cual, lo lleva al aislamiento. • Evidencia cambios inexplicables de humor o comportamiento distinto al habitual (más irritable, ansiosa o angustiada).

En todos casos mencionados, se recomienda la consulta con el Servicio de Neurología. Así descartar causas potencialmente reversibles y detectar enfermedades tratables a tiempo.

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