Protector solar: cómo elegir el adecuado, entender su etiqueta y aplicarlo bien
Elegir un protector solar no es solo mirar el número del envase. El tipo de piel, la edad, las actividades de cada día y la forma en que nos exponemos al sol influyen en la decisión. En esta nota repasamos qué tener en cuenta al elegirlo, cómo interpretar las siglas y símbolos de la etiqueta y cuál es la manera correcta de aplicarlo para que realmente proteja.

Los protectores solares son productos diseñados para prevenir la acción deletérea —es decir, dañina— del sol sobre la piel y, además, para disminuir de manera significativa el riesgo de desarrollar cáncer cutáneo.
¿Cómo elegir el protector solar adecuado?
A la hora de elegirlo, se deben considerar varios factores: el tipo de piel, la edad, las actividades cotidianas, las condiciones de exposición al sol, la presencia de nevus (lunares) o de enfermedades fotosensibilizantes —aquellas que hacen que la piel sea más sensible a la luz solar—, los medicamentos que se estén tomando y los antecedentes personales y familiares de cáncer de piel.
En términos generales, se recomienda elegir un protector solar que reúna las siguientes características:
- FPS 30 o superior. En situaciones de mayor riesgo o en determinadas enfermedades, es conveniente optar por un FPS 50 o 50+.
- Amplio espectro, es decir, que brinde protección tanto frente a la radiación ultravioleta B (RUVB) como frente a la radiación ultravioleta A (RUVA).
- Cosmética aceptable, con buena dispersabilidad: que resulte agradable al usarlo y se distribuya con facilidad sobre la piel.
- Fotoestable, para que mantenga su capacidad de protección mientras está expuesto al sol.
- Resistente al agua, si se realiza actividad física o se va a estar en el agua.
- En personas con melasma o manchas, los protectores con color a base de óxido de hierro pueden brindar una protección adicional frente a la luz azul.
¿Qué presentaciones existen?
En la actualidad existe una gran variedad de presentaciones de protectores solares: crema, fluido, gel, spray, loción, bruma, con color, emulsión, oil free, serum, stick, etc. Muchos de ellos cuentan, además, con el agregado de principios activos con acción antiaging y antipolución, a base de ácido hialurónico, antioxidantes, ceramidas, vitaminas, péptidos y niacinamida, entre otros.
Tipos de protectores solares
Los protectores solares se clasifican en:
- Físicos o minerales: incluyen ingredientes como el óxido de zinc, el dióxido de titanio y el óxido de hierro. No son absorbidos por la piel, sino que actúan reflejando la radiación UV y, además, controlan la luz visible y la radiación infrarroja. Son muy útiles en niños, embarazadas o personas con enfermedades fotosensibilizantes. Gracias a las nuevas tecnologías en nanopartículas, ya no dejan aquel residuo blanco poco estético, por lo que resultan cosméticamente aceptables.
- Químicos u orgánicos: absorben la radiación y la transforman en energía térmica, es decir, en calor.
- Orales: no sustituyen a los protectores de uso tópico (los que se aplican sobre la piel). Tienen funciones antioxidantes, antiinflamatorias e inmunomoduladoras, con ingredientes a base de betacarotenos, vitaminas C y E, polifenoles de té verde, ácidos grasos omega 3 y Polypodium leucotomos.
¿Cómo interpretar las etiquetas?
El envase de un protector solar incluye varias siglas y símbolos que conviene conocer para saber qué tipo de protección ofrece:
- Amplio espectro: cubre tanto la RUVB como la RUVA.
- FPS: informa principalmente sobre la protección frente al eritema (el enrojecimiento de la piel) inducido por la radiación UVB. Lo ideal es que sea mayor de 30.
- UVA dentro de un círculo: expresa la protección contra la RUVA y representa un tercio de la protección UVB. Por ejemplo, con un FPS 30 de UVB, la protección UVA será de 10. Otra forma de expresar la protección UVA es con las siglas PA seguidas de cruces: PA+ indica una protección muy baja y PA++++, una protección muy alta contra UVA.
- Protección contra HEVL: se refiere a la luz visible de alta energía y, dentro de ella, a la luz azul de las pantallas y los celulares, responsable del envejecimiento y las manchas. Esta protección se logra a base de óxido de hierro.
- IR-A: indica protección contra la radiación infrarroja.
- No comedogénico: minimiza la obstrucción de los poros, por lo que está especialmente indicado en pieles seborreicas (grasas) o con tendencia acneica.
- Resistente al agua: ante una inmersión de 40 minutos, debe mantener el 50% de su capacidad de protección; se considera muy resistente al agua cuando lo logra tras 80 minutos. Es importante saber que no existen protectores a prueba de agua, por lo que igualmente se aconseja reaplicarlo después de cada inmersión o de una sudoración excesiva.
- Logo del tarro abierto: un número seguido de la letra M indica el tiempo de caducidad del producto, en meses, una vez abierto el envase.
- Seguro para los arrecifes: lugares como Hawái, Palaos y Aruba prohíben el uso de filtros químicos (oxibenzona, octinoxato) por relacionarlos con el blanqueamiento de los corales y el daño al ecosistema marino. Por eso exigen el uso de filtros físicos y, para el envasado, plástico reciclable con etiquetas ecológicas y tintas de bajo impacto.
- Wet skin: apto para aplicar sobre la piel mojada.
¿Cómo aplicar correctamente el protector solar?
Tan importante como elegir bien el producto es aplicarlo de la forma correcta:
- Colocarlo todos los días, aun en días nublados, 30 minutos antes de la exposición solar.
- Aplicarlo de manera uniforme y en cantidad suficiente: para cubrir el cuerpo de un adulto se necesitan 36 g, el equivalente a un vasito de shot.
- Cubrir toda la superficie de la piel, sin olvidar el cuero cabelludo, las orejas, el cuello, el empeine, los párpados, los labios y los pliegues, entre otras zonas.
- Reaplicarlo cada 2 a 3 horas.
- Renovarlo después de nadar, transpirar o tras el roce con la toalla o la arena.
- Si se usa repelente, debe colocarse después del protector.
Para recordar:
- El protector solar no fue diseñado para aumentar el tiempo de exposición al sol, sino para disminuir los daños causados por la radiación.
- Ningún protector cubre el 100% de las radiaciones.
- El uso de protector solar no compromete la síntesis de vitamina D.
- Los bebés menores de 6 meses no deben ser expuestos al sol y tampoco se les debe colocar protector solar: en su caso, solo deben utilizarse medidas físicas de protección. En los menores de 3 años, la exposición debe ser limitada.
Cuidar la piel del sol no significa evitar toda actividad al aire libre, sino aprender a disfrutarla de manera responsable.


