Grupo Gamma

SkinnyTok: cuando la delgadez extrema vuelve a convertirse en tendencia.

La moda de la delgadez extrema no desapareció. Cambió de nombre, de estética y también de algoritmo.

SkinnyTok: cuando la delgadez extrema vuelve a convertirse en tendencia.

 

Durante los últimos meses, las redes sociales volvieron a poner en circulación un ideal que ya conocemos, pero con una apariencia renovada: cuerpos extremadamente delgados, restricciones alimentarias presentadas como “disciplina”, rutinas de ejercicio llevadas al límite y consejos para adelgazar que aparecen disfrazados de prácticas de bienestar.

El fenómeno empezó a conocerse como “SkinnyTok”, un término que reúne contenidos que, de forma más o menos explícita, pueden idealizar la extrema delgadez y normalizar conductas alimentarias restrictivas. Videos de “qué como en un día”, recetas hipocalóricas, transformaciones corporales, desafíos para bajar de peso y consejos sobre cómo “controlar” el hambre pueden parecer, vistos por separado, simples contenidos relacionados con la alimentación o el ejercicio.

El problema aparece cuando todos esos mensajes empiezan a ir en la misma dirección: cuanto más delgado, mejor.

 

No es solamente una moda de internet

 

La preocupación de los especialistas no tiene que ver solamente con que cada cierto tiempo aparezca una nueva tendencia estética, sino con que las redes sociales pueden convertirla en una exposición constante, personalizada y difícil de cortar.

En 2025, TikTok restringió las búsquedas relacionadas con #SkinnyTok después de las preocupaciones planteadas en Europa por la circulación de contenidos vinculados con dietas extremas y conductas alimentarias desordenadas. Pero bloquear una palabra no significa necesariamente que el fenómeno desaparezca. Los mismos contenidos pueden volver a aparecer utilizando otras etiquetas, códigos, imágenes o expresiones.

De hecho, distintas investigaciones sobre TikTok encontraron estrategias utilizadas por comunidades vinculadas con los trastornos alimentarios para evitar los sistemas de moderación, por ejemplo, mediante hashtags modificados o códigos. Por eso, un contenido puede dejar de aparecer cuando buscamos una palabra concreta y, aun así, seguir circulando.

Y este punto es importante: no siempre hace falta buscar contenido relacionado con anorexia para terminar encontrándolo.

El algoritmo aprende de lo que miramos, del tiempo que pasamos frente a un video y de aquello con lo que interactuamos. Así, alguien que empieza siguiendo videos de ejercicio, alimentación saludable o pérdida de peso puede terminar recibiendo, poco a poco, contenidos cada vez más extremos.

La adolescencia merece una atención especial, ya que es una etapa particularmente vulnerable frente a este tipo de mensajes.

El peligro también está en lo que parece saludable

Quizás uno de los cambios más importantes y notorios respecto a este nuevo discurso es que hoy el mensaje puede ser mucho más difícil de reconocer. Ya no necesariamente aparece alguien diciendo “quiero tener anorexia”. Puede aparecer, en cambio, alguien diciendo:

● “Estoy eliminando el azúcar”.

● “Esto es lo que como para estar definida”.

● “No tengo hambre porque aprendí a controlar mis antojos”.

● “Esta es mi rutina para quemar lo que comí”.

● “Así conseguí mi cuerpo ideal”.

● “Si realmente querés resultados, tenés que tener disciplina”.

Ninguna de estas frases, por sí sola, permite diagnosticar un trastorno alimentario.

La preocupación aparece cuando la restricción, el miedo a engordar, la obsesión por las calorías o la valoración de una persona según su cuerpo empiezan a presentarse como virtudes. Y ahí es donde el límite entre “cuidarse” y desarrollar una relación problemática con la comida puede volverse difícil de identificar. Una alimentación saludable no debería convertirse en una vigilancia permanente del cuerpo.


El algoritmo no conoce nuestra vulnerabilidad

Dos personas pueden mirar exactamente el mismo video y vivir experiencias completamente distintas.

Para alguien que tiene una relación estable con la comida y con su cuerpo, un contenido sobre entrenamiento puede ser simplemente eso. Incluso puede tener un impacto positivo en su bienestar y en el cuidado corporal.

Pero para una adolescente que atraviesa inseguridad corporal, para alguien que ya tiene conductas restrictivas o para una persona con antecedentes de un trastorno alimentario, ese mismo contenido puede convertirse en un factor desencadenante.

Por eso, cuando hablamos de salud mental, no alcanza con preguntarnos qué contenido existe. También importa quién está expuesto, durante cuánto tiempo y en qué momento de su vida.

La investigación sobre adolescentes es especialmente relevante. La American Psychological Association recomienda acompañar el uso de redes sociales durante la adolescencia con herramientas de alfabetización digital y psicológica, que permitan interpretar de manera más crítica aquello que aparece en las pantallas.
 

¿Cómo reconocer que el contenido está empezando a hacernos daño?

Hay algunas señales a las que vale la pena prestar atención cuando el contenido relacionado con el cuerpo, la comida o el ejercicio empieza a generar:

● miedo intenso a subir de peso

● culpa después de comer

● necesidad de compensar una comida con ejercicio o ayuno

● necesidad de pesarse o mirarse constantemente en el espejo

● eliminación progresiva de alimentos

● ansiedad cuando no se puede seguir una determinada rutina

● comparación permanente con cuerpos ajenos

● sensación de que nunca se está “lo suficientemente delgado”

● pérdida de interés por actividades sociales debido a la comida o al cuerpo

● pensamientos sobre comida, peso, ejercicio o apariencia que empiezan a ocupar demasiado espacio mental.

Existen conductas alimentarias problemáticas que pueden generar sufrimiento y consecuencias físicas y psicológicas importantes incluso antes de que se establezca por completo un trastorno alimentario.

¿Qué podemos hacer frente a SkinnyTok?

Las redes ya forman parte de la vida cotidiana, y prohibirlas no necesariamente nos enseña a relacionarnos mejor con ellas. Pero podemos empezar por algo bastante simple: mirar qué estamos consumiendo.

Dejar de seguir determinadas cuentas, bloquear palabras o contenidos, utilizar herramientas como “no me interesa” y buscar de manera intencional cuentas que promuevan una relación más flexible con la comida y el cuerpo puede ayudar a modificar, poco a poco, lo que el algoritmo nos muestra.

En adolescentes, además, la conversación con los adultos es fundamental.

No se trata solamente de protegerlos de determinados contenidos, sino también de enseñarles a reconocer cuándo un mensaje que parece saludable empieza a afectar su autoestima, su alimentación o su bienestar.

La delgadez no es un diagnóstico de salud

Quizás sea necesario volver sobre una idea que parece obvia, pero que las redes sociales pueden hacer que olvidemos: Un cuerpo extremadamente delgado no es, por sí mismo, sinónimo de salud, autocontrol, belleza ni éxito.

De la misma manera, un cuerpo que no coincide con el ideal estético dominante no es un cuerpo que necesariamente necesite ser “corregido”.

Los trastornos alimentarios son enfermedades psiquiátricas reales, complejas y potencialmente graves. No aparecen simplemente porque alguien vio un video, pero tampoco podemos ignorar el contexto cultural y digital en el que muchas personas construyen hoy su relación con la comida y con su propio cuerpo.

SkinnyTok no inventó la obsesión por la delgadez. Lo que cambió es la velocidad con la que esos mensajes circulan y la capacidad de los algoritmos para llevarlos directamente hasta nosotros.

Por eso, el objetivo no debería ser solamente dejar de mirar determinados videos. También necesitamos aprender a reconocer cuándo una búsqueda de bienestar empieza a convertirse en una búsqueda de perfección corporal; cuándo la disciplina se transforma en restricción; y cuándo una pantalla empieza a decirnos cuánto deberíamos pesar, comer o parecernos a los demás.

Cuidar la salud también significa cuidar la relación que tenemos con nuestro propio cuerpo. Y esa relación no debería estar determinada por un algoritmo. Ante señales de alarma, es conveniente consultar tempranamente con un profesional de salud mental con experiencia en trastornos de la conducta alimentaria. La detección precoz mejora las posibilidades de intervención y recuperación.

 

Temas

Psicología y Psiquiatría

Newsletter

Recibí las últimas novedades de salud.