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Semana Mundial de la Lactancia Materna 2026: fortalecer lo que ya funciona

Del 1 al 7 de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna. El lema de este año, propuesto por la Organización Mundial de la Salud, es "Lactancia materna: un inicio sostenible en cualquier circunstancia. Fortalezcamos las acciones que funcionan".

Semana Mundial de la Lactancia Materna 2026: fortalecer lo que ya funciona

Del 1 al 7 de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna. El lema de este año, propuesto por la Organización Mundial de la Salud, es "Lactancia materna: un inicio sostenible en cualquier circunstancia. Fortalezcamos las acciones que funcionan".

Detrás de esta frase hay una idea simple: ya sabemos qué es lo que ayuda a las familias a amamantar. El desafío no es descubrir algo nuevo, sino sostener y facilitar lo que la ciencia viene confirmando hace décadas.

 

¿Qué necesitan las familias para poder amamantar?

 

Amamantar no depende solo de la voluntad de cada mamá: depende también de que existan condiciones reales que lo hagan posible. Algunas de las más importantes son:

  • Un espacio adecuado en el trabajo para amamantar o extraerse leche.
  • Tiempo disponible durante la jornada laboral para hacerlo, sin que sea una carrera contra el reloj.
  • Acompañamiento del equipo de salud, sin apuro y sin juzgar.

Cuando estas condiciones existen, la lactancia deja de ser una batalla individual y se convierte en algo que la sociedad entera sostiene.

 

Por qué la leche materna importa mucho más allá de los primeros meses

 

Muchas veces pensamos la lactancia solo como "alimento para el bebé". Pero la evidencia científica muestra algo más profundo: lo que vivimos en el embarazo y en los primeros años de vida —la alimentación, los afectos, el entorno— deja una huella en nuestra salud que puede durar toda la vida.

Esto tiene incluso un nombre en la ciencia: se llama DOHaD (por sus siglas en inglés), que podríamos traducir como "los orígenes del desarrollo de la salud y la enfermedad". La idea central es que factores como la nutrición, el estrés o los afectos durante el embarazo y la primera infancia pueden influir en el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas —como la diabetes— muchos años después, en la vida adulta.

A este proceso también se lo relaciona con la epigenética: no se trata de cambiar los genes con los que nacemos, sino de que el ambiente y los cuidados que recibimos puedan "encender" o "apagar" ciertas funciones de esos genes. En otras palabras: los genes con los que nacemos no son un destino fijo. Buena parte de lo que ocurre después (cómo nos alimentamos, qué hábitos tenemos) también escriben nuestra historia de salud.

La leche materna es, en este sentido, mucho más que comida. Es información y protección para el cuerpo del bebé, con efectos que se extienden mucho más allá de la infancia.

Algunos datos que lo confirman:

  • El parto vaginal aporta beneficios inmunológicos que la cesárea no ofrece de la misma manera.
  • El uso excesivo de antibióticos en el primer año de vida puede afectar negativamente el desarrollo del microbioma del bebé.
  • La nutrición durante el embarazo también parece influir en la salud reproductiva a futuro.
 

Un mito que hay que dejar atrás

 

Todavía es común escuchar que a un recién nacido "hay que darle 30 ml de leche cada 3 horas". Pero la evidencia dice otra cosa: al nacer, el estómago de un bebé tiene una capacidad de apenas 5 a 7 ml, y no más de 10 ml durante la primera semana de vida.

Además, el contacto piel a piel entre la mamá y el recién nacido ayuda a mejorar sus niveles de azúcar en sangre y a regular su temperatura corporal de forma natural.

Por eso, en lugar de mirar el reloj o seguir esquemas rígidos, lo que realmente ayuda es facilitar el contacto piel a piel y la primera puesta al pecho ya desde la sala de partos, durante esa primera hora de vida tan importante.

 

¿Qué recomienda la OMS?

 

La Organización Mundial de la Salud recomienda amamantar hasta los 2 años o más, siempre que sea posible. Pero cada familia es distinta, y lo ideal es que puedan conversar sus posibilidades y dudas con su equipo de salud, para encontrar juntos el mejor camino posible, sin presión ni culpa.

En Argentina, además, todavía no contamos con datos completamente confiables sobre cuántas familias logran sostener la lactancia, porque hay diferencias en los registros y zonas del país donde la información es escasa. Por eso es tan importante que los equipos de salud estén atentos y acompañen a cada familia según su realidad.

 

Amamantar es un derecho, no una obligación

 

Amamantar es un deseo, una posibilidad y también una forma de soberanía alimentaria desde el primer día de vida. Para que esto sea posible, como sociedad, y como equipos de salud, tenemos que ser empáticos, pacientes y flexibles: acompañar sin apurar, informar sin imponer, y sostener lo que sabemos que funciona.

Esa es, en definitiva, la propuesta de este año: fortalecer lo que ya está comprobado por la ciencia.

 

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