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Las pastillas anticonceptivas, ¿son malas?

Los anticonceptivos hormonales están rodeados de mitos sobre sus efectos en la salud, el peso, la fertilidad y el deseo sexual. ¿Qué dice la evidencia científica y qué factores deberían tenerse en cuenta al elegir un método?

Las pastillas anticonceptivas, ¿son malas?

“Las pastillas anticonceptivas son malas”. “Engordan”. “Después de tomarlas es más difícil quedar embarazada”. “Disminuyen el deseo sexual”. “Causan cáncer”.

Estas son algunas de las afirmaciones que circulan alrededor de los anticonceptivos hormonales. Algunas surgen de experiencias personales, otras de información incompleta y muchas se repiten de generación en generación hasta convertirse, casi sin cuestionamientos, en supuestas verdades. Pero ¿qué dice realmente la evidencia científica?

La respuesta no es tan sencilla como afirmar que las pastillas anticonceptivas son “buenas” o “malas”. Son medicamentos que, como cualquier otro, tienen beneficios, posibles efectos adversos y situaciones en las que pueden estar contraindicados. Entender que los beneficios y los posibles riesgos de este método puede ser diferente según la edad, los antecedentes de salud, los factores de riesgo, las necesidades, las preferencias y el momento de la vida de cada paciente nos permite alejarnos tanto de la demonización de los anticonceptivos hormonales como de la idea de que son completamente inocuos.

 

"Las pastillas anticonceptivas son malas para la salud"

 

Las pastillas anticonceptivas son medicamentos que contienen hormonas y, como todos los medicamentos, pueden producir efectos adversos. Sin embargo, esto no significa que sean perjudiciales para todas las personas ni que su uso sea necesariamente dañino a largo plazo.

Dentro de los anticonceptivos orales existen diferentes formulaciones. Los más conocidos son los anticonceptivos orales combinados, que contienen estrógeno y progestágeno. Son seguros para muchas personas, pero no para todas. Algunas situaciones, como los antecedentes de trombosis, determinadas enfermedades cardiovasculares o ciertos tipos de migraña, pueden aumentar los riesgos asociados al componente estrogénico.

Por otro lado, el estrógeno también puede aportar beneficios en situaciones específicas. Por ejemplo, cuando los niveles de estrógenos son bajos, recibirlos puede ayudar a proteger la salud ósea y a prevenir algunos problemas relacionados con su falta. Cuando el estrógeno no está recomendado, existen métodos de solo progestágeno, que pueden ser una alternativa segura y eficaz.

No todos los anticonceptivos hormonales son iguales. Existen diferentes hormonas, dosis, formulaciones y vías de administración, y cada una puede tener distintos beneficios, efectos adversos y contraindicaciones. Por eso, que un anticonceptivo contenga hormonas no significa que sea perjudicial.

¿Y si se toman durante muchos años?

Tampoco hay evidencia de que el uso prolongado de anticonceptivos hormonales, por sí mismo, sea perjudicial o que el organismo necesite períodos de descanso.

La duración del uso no es, por sí sola, una razón para suspenderlos. Lo que sí puede cambiar con el tiempo son las circunstancias de cada persona. Pueden aparecer nuevos antecedentes de salud, modificarse determinados factores de riesgo y hacer que, en algún momento, otro método resulte más conveniente.

Interrumpir las pastillas sin una razón médica puede, dejar a la persona sin protección anticonceptiva y aumentar el riesgo de un embarazo no planificado. Lo importante no es “descansar” de las pastillas, sino reevaluar periódicamente si siguen siendo la mejor opción para esa persona y para ese momento de su vida.

Mitos que escuchamos hace tiempo:

 

  • “Las pastillas anticonceptivas engordan”

La evidencia no muestra que las pastillas anticonceptivas produzcan un aumento de peso importante de manera generalizada. Algunas personas pueden notar cambios en el peso o en la composición corporal, pero eso no siempre se deben al anticonceptivo.

  • “Después de tomar pastillas anticonceptivas es más dificil quedar embarazada”

Las pastillas anticonceptivas no causan infertilidad ni reducen la capacidad de quedar embarazada a largo plazo. Después de suspenderlas, la ovulación suele retomarse rápidamente y la fertilidad vuelve a los niveles esperados para la edad y las características de cada persona. En algunas ocasiones, puede existir un breve período hasta que los ciclos recuperen su patrón habitual, pero esto no significa que las pastillas hayan afectado la fertilidad.

  • “Las pastillas anticonceptivas disminuyen el deseo sexual”

Algunas personas pueden notar cambios en su deseo sexual después de comenzar a usar un anticonceptivo hormonal. Sin embargo, esto no ocurre en todas las personas y los estudios no muestran que las pastillas disminuyan el deseo sexual de manera sistemática.

El deseo sexual depende de muchos factores, como el estado de ánimo, el estrés, el sueño, la relación de pareja y otros aspectos de la salud. Por eso, no siempre es posible atribuir un cambio en el deseo exclusivamente al anticonceptivo.

  • “Las pastillas anticonceptivas causan cáncer”

No es correcto decir simplemente que las pastillas “causan cáncer”, porque la relación entre anticoncepción hormonal y cáncer es compleja y depende del tipo de cáncer, del momento del uso y de las características de cada persona.

En el caso del cáncer de mama, algunos estudios han encontrado un pequeño aumento del riesgo durante el uso actual o reciente de anticonceptivos hormonales. Pero esto no significa que una persona que toma anticonceptivos vaya a desarrollar cáncer de mama.

Un aumento relativo puede parecer significativo cuando se expresa en porcentajes, pero traducirse en un incremento absoluto pequeño, especialmente cuando la posibilidad de desarrollar la enfermedad es baja. Además, esta posibilidad varía según la edad, los antecedentes personales y familiares y otros factores. Por eso, es importante interpretar ese aumento en el contexto del riesgo de cada persona.

Por otro lado, los anticonceptivos orales combinados se asocian con una reducción importante del riesgo de cáncer de ovario y de endometrio, y también pueden reducir el riesgo de cáncer colorrectal. Estos beneficios pueden persistir durante años después de suspenderlos.

Una decisión individualizada

No existe un anticonceptivo perfecto, sino un método que puede ser más adecuado para cada persona. Para algunas será una pastilla diaria; para otras, un implante o un DIU que permita olvidarse de la anticoncepción durante años. Algunas preferirán un método sin hormonas, mientras que otras buscarán uno que, además de prevenir el embarazo, ayude a controlar menstruaciones dolorosas o abundantes.

La elección del método anticonceptivo no debería basarse en el miedo, los mitos o las experiencias de otras personas. Que un método haya provocado efectos adversos en alguien no significa que vaya a ocurrir lo mismo en otra persona. Del mismo modo, que otra persona lo tolere perfectamente no significa que sea la opción más adecuada.

Por eso, la elección del anticonceptivo debería surgir de una decisión individualizada, teniendo en cuenta los antecedentes de salud, los factores de riesgo, las preferencias y los objetivos reproductivos.

La mejor anticoncepción no es la que tiene menos hormonas, la que está de moda ni la que le funciona a otra persona. Es la que ofrece un buen equilibrio entre eficacia, seguridad, tolerancia y preferencias para quien la utiliza. No se trata de defender las pastillas ni de demonizarlas. Se trata de encontrar el anticonceptivo adecuado para cada persona.

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