Parto respetado: volver a poner en valor la Hora de Oro y el vínculo temprano
Una mirada sobre la importancia de los controles prenatales y el contacto del recién nacido con su mamá.

Un nacimiento cuidado desde el primer instante
Hablar de parto respetado es hablar de cuidado, información y acompañamiento. Pero también es hablar de vínculos. De cómo una familia atraviesa uno de los momentos más importantes de su vida y de cómo las prácticas médicas pueden favorecer una experiencia más humana y saludable tanto para la madre como para el recién nacido.
En el marco de la Semana Mundial del Parto Respetado, me interesa volver a poner en el centro el bienestar físico y emocional de la madre y el bebé.
Hoy nos encontramos frente a distintos desafíos: el aumento sostenido de cesáreas, las dificultades para acceder a controles prenatales oportunos y la disminución en la implementación de prácticas fundamentales como la llamada “Hora de Oro”.
¿Qué es la hora de Oro?
La Hora de Oro es el primer contacto piel a piel entre el recién nacido y su madre inmediatamente después del nacimiento. Ese momento inicial tiene beneficios médicos, emocionales y vinculares comprobados.
Cuando el bebé permanece sobre el pecho materno y se retrasa el corte del cordón umbilical, se favorece la adaptación cardiovascular y respiratoria del recién nacido. Además, el contacto piel a piel ayuda a regular su temperatura corporal y sus niveles de glucosa.
También es clave para el inicio de la lactancia materna. Durante ese primer encuentro, el bebé reconoce el olor, la voz y el calor de su madre, favoreciendo la búsqueda espontánea del pecho y estimulando la producción láctea.
Siempre digo que somos mamíferos. Necesitamos el contacto, la piel y el olor de nuestros progenitores.
Diversos estudios demostraron que la implementación de la Hora de Oro mejora las tasas de lactancia y aporta beneficios en el desarrollo neurológico, emocional y físico del niño.
Parto respetado: mucho más que el momento del nacimiento
El concepto de parto respetado también incluye todo el proceso de embarazo y nacimiento. Implica garantizar controles prenatales adecuados, acceso a estudios en tiempo y forma e información clara para que cada familia pueda tomar decisiones acompañadas.
Realizar ecografías durante las semanas indicadas permite detectar de manera temprana distintas patologías, como cardiopatías congénitas críticas, favoreciendo un tratamiento oportuno.
Además, siempre que la salud de la madre y el bebé lo permitan, debemos respetar los tiempos fisiológicos del trabajo de parto.
Esto no significa evitar intervenciones médicas cuando son necesarias. En algunos casos, una cesárea o un parto instrumentado pueden ser fundamentales para cuidar la salud materna y neonatal. El objetivo es que esas decisiones también se den en un contexto de información, respeto y acompañamiento.
¿Por qué es tan importante la lactancia materna?
El valor de la leche humana va mucho más allá del peso del bebé. Está implicada en el desarrollo de su talla, el perímetro cefálico, la neuromotricidad, la inteligencia y también en la capacidad de dar y recibir afecto.
La lactancia materna no solo alimenta. También protege. La Organización Mundial de la Salud destaca que la leche humana contiene anticuerpos y factores inmunológicos que ayudan a fortalecer el sistema inmune del recién nacido y disminuir el riesgo de infecciones y enfermedades futuras. Además, favorece el desarrollo cognitivo y fortalece el vínculo entre la madre y el bebé desde los primeros días de vida.
Humanizar el nacimiento
Cuando hablamos de parto respetado, hablamos también de múltiples acciones que acompañan el proceso de gestación y nacimiento:
Embarazo deseado.
Prevención de anomalías congénitas e infecciones intrauterinas.
Controles adecuados y de calidad.
Respeto por el trabajo de parto según la vitalidad del niño y de la madre.
Acompañamiento e información para las familias, incluso cuando es necesario realizar intervenciones médicas.
El parto respetado nos invita a volver a mirar el nacimiento desde una perspectiva integral. Escuchar, acompañar, informar y favorecer el vínculo temprano son acciones que impactan directamente en la experiencia de las familias y en la salud del recién nacido.
Porque el nacimiento no es solamente un procedimiento médico. También es el inicio de un vínculo que deja huella.


