SIBO e IMO: qué son, sus síntomas y por qué el diagnóstico médico es clave
El SIBO (Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado) ocurre cuando las bacterias migran de forma anómala hacia el intestino delgado o se multiplican en él de manera excesiva, fermentando los alimentos antes de que sean absorbidos correctamente y generando malestar digestivo crónico.

¿Qué significan las siglas SIBO?
El SIBO es el acrónimo en inglés de Small Intestinal Bacterial Overgrowth, que en español se traduce como Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado.
¿Por qué se produce?
El sistema digestivo alberga billones de microorganismos que componen la microbiota intestinal. La mayor concentración de estas bacterias debe localizarse de forma natural en el colon (intestino grueso), donde cumplen funciones vitales de fermentación y defensa. El SIBO se produce cuando las bacterias migran de forma anómala hacia el intestino delgado, o bien se multiplican en él de manera excesiva. Al encontrarse en un tramo del tubo digestivo que no está preparado para procesar grandes volúmenes de gas, los alimentos se fermentan antes de ser absorbidos correctamente, desencadenando malestar físico crónico.
¿Cuáles son los síntomas del SIBO?
Los síntomas del SIBO alteran drásticamente la calidad de vida y se confunden fácilmente con otras patologías digestivas. Los más comunes son:
Distensión abdominal: Inflamación extrema o vientre abultado, especialmente después de comer.
Gases frecuentes: Flatulencias, eructos y pesadez estomacal continua.
Alteraciones del ritmo: Episodios frecuentes de diarrea, estreñimiento crónico o una alternancia de ambos.
Dolor abdominal: Cólicos y malestar en la zona del vientre.
Dispepsia: Sensación de saciedad precoz, eructos frecuentes y digestiones extremadamente lentas.
Déficit nutricional: En casos avanzados, fatiga crónica por mala absorción de vitaminas como la B12.
¿Cómo se diagnostica y se trata médicamente el SIBO?
El diagnóstico no se realiza mediante síntomas o intuición, sino con el test de hidrógeno en aire espirado, llamado también test del aliento. El paciente ingiere una solución con un azúcar específico y sopla en un dispositivo a intervalos regulares de tiempo. La máquina mide los gases expulsados por las bacterias para confirmar su presencia excesiva. Si las bacterias están presentes en el intestino delgado, fermentarán el azúcar rápidamente, produciendo gases que se absorben en la sangre y se eliminan a través de los pulmones, permitiendo su cuantificación precisa.
Las tres bases del tratamiento
- Antibióticos específicos: se utilizan medicamentos de acción local que actúan solo en el intestino.
- Estrategia alimentaria: se implementa de forma temporal una dieta baja en FODMAPs (carbohidratos fermentables). Este plan alimentario debe ser estrictamente temporal y supervisado por un nutricionista calificado para evitar deficiencias nutricionales o alteraciones permanentes en la flora intestinal del colon.
- Buscar la causa raíz: el SIBO suele ser consecuencia de otra condición subyacente, como:
-Estrés crónico prolongado.
-Diverticulosis intestinal.
-Consumo crónico de omeprazol.
-Enfermedad de Crohn – Enteritis por radiación.
-Esclerodermia – Diabetes – Hipotiroidismo – Enfermedad celíaca.
- Cirugía abdominal, bypass gástrico, gastrectomía. Adherencias intestinales.
¿Por qué es peligroso el autodiagnóstico del SIBO en redes sociales?
Debido a la viralización de contenidos en plataformas digitales, muchas personas eliminan alimentos saludables de su dieta pensando que sufren de SIBO.
La restricción severa de alimentos o la toma de suplementos y antimicrobianos sin indicación médica formal puede enmascarar patologías subyacentes graves y perjudicar la salud digestiva general. La automedicación o las dietas restrictivas sin supervisión profesional pueden dañar gravemente la microbiota intestinal.
Las manifestaciones clínicas del sobrecrecimiento bacteriano suelen superponerse con las de otras patologías gastrointestinales, como el síndrome de intestino irritable, la enfermedad celiaca, intolerancia a lactosa, alergias alimentarias, IMO (Sobrecrecimiento Metanógeno Intestinal), insuficiencia pancreática exocrina, mala absorción de sales biliares, y otras intolerancias o sensibilidades a diferentes alimentos.
Estas enfermedades requieren su correcto diagnóstico y tienen un tratamiento diferente, por lo que es indispensable consultar con profesionales médicos para no cometer errores.
En Grupo Gamma disponemos de todas las especialidades y de la tecnología necesaria para abordar esta patología de manera multidisciplinar.
¿Qué es el IMO? La variante del SIBO que explica el estreñimiento crónico
IMO es el acrónimo en inglés de Intestinal Methanogen Overgrowth, que en español se traduce como Sobrecrecimiento Metanógeno Intestinal. Es una condición clínica estrechamente relacionada con el SIBO, pero que presenta diferencias biológicas fundamentales en el tipo de microorganismo implicado y en sus síntomas principales. Tradicionalmente, a cualquier tipo de sobrecrecimiento en el aparato digestivo se lo denominaba SIBO. Sin embargo, los consensos médicos globales establecieron el término IMO para identificar un cuadro con identidad propia.
Diferencias biológicas claves con el SIBO
Mientras que el SIBO está causado por bacterias, el IMO se produce por un exceso de arqueas metanogénicas (principalmente el microorganismo Methanobrevibacter smithii), que componen otro dominio biológico diferente y son capaces de sobrevivir en ambientes extremos. No se limitan al intestino delgado: el SIBO ocurre exclusivamente en el intestino delgado, en cambio, el IMO implica un crecimiento excesivo de arqueas tanto en el intestino delgado como en el colon (intestino grueso). Las arqueas del IMO consumen el hidrógeno liberado por otras bacterias y lo transforman en gas metano.
El síntoma característico: estreñimiento severo
A diferencia del SIBO convencional (que suele cursar con diarrea debido a la irritación por hidrógeno), el gas metano ejerce un efecto neurotóxico local que paraliza y ralentiza la musculatura lisa del intestino, produciendo estreñimiento severo. Además de la constipación persistente, los pacientes con IMO experimentan distensión abdominal marcada, dolor tipo cólico y gases que suelen ser muy ruidosos pero poco olorosos.
Diagnóstico y tratamiento específico
El IMO también se detecta mediante el test del aliento, pero requiere que el laboratorio clínico mida obligatoriamente los niveles de metano además de los de hidrógeno. El tratamiento requiere una combinación de antibióticos y fármacos procinéticos (estimulantes de la motilidad del intestino).


